El día de la calabaza (una historia diferente)
- avilaoca
- 5 abr 2021
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Cuenta la historia que hace muchos pero muchos años, había en el pueblo de El Refugio una familia económicamente mas o menos acomodada, esta familia se dedicaba a la agricultura y año tras año cultivaban sus vastas tierras con maíz, fríjol y calabazas.
Cada año se reunía toda la familia para dar gracias a las almas de sus ancestros por ayudarles a obtener buenas cosechas, y para esto cada miembro de la familia llevaba una calabaza producto de la cosecha de ese año. Siempre se reunían una noche antes del día de muertos, el día primero de Noviembre. En el patio principal de la casona hacían una fogata, en la cual colocaban una gran olla de cobre en la que ponían las calabazas partidas en pequeños trozos, a estas les agregaban agua y azúcar. Una vez colocados todos los "menjurjes" tapaban la olla con hojas secas de elote para que estas se cocieran bien al fuego de la leña y así esperaban a que la calabaza dulce estuviera lista para disfrutarla con un vaso lleno de leche recién ordeñada de las gordas vacas que tenían en el establo.
Esta familia era muy religiosa, por lo que antes de comenzar a comer la calabaza cocida, daban gracias a Dios y a los difuntos por acompañarlos siempre y rezaban un rosario con cantos y toda la cosa.
A unos metros de la casona, por la despoblada calle, había una choza construida con madera de mezquite y troncos de guayabo, de los cuales estaba sujeto el alambre de púas que simulaba ser una puerta de acceso al corral que rodeaba la pobre casita. Gallinas, cerdos y un burrito viejo era todo lo que resguardaba el pobre corral con su alambre de púas todo remendado y oxidado.
En esa choza vivían dos ancianos con su único hijo llamado Pericato, un niño de 12 años que se dedicaba a arriar borregos, estos pertenecían a un soldado retirado, que con el poco dinero que le dieron por su retiro se compro unos borreguitos para de ahí poder mantenerse.
Tanto Pericato como sus papás, a pesar de ser muy pobres eran muy trabajadores y no les gustaba pedir limosna, decían que no le querían deber nada a nadie, ni siquiera a Dios, por lo que decían que no creían en ningún santo, y no estaban seguros de que Dios existiera. Así vivían al día, comiendo de lo poco que recolectaban de los sembradíos ya cosechados y los pocos centavos que recibía Pericato por su trabajo de pastor.
Un día, primero del mes de Noviembre, la familia de Pericato llevaba dos días sin comer bocado alguno, en la casita no había mas que agua del pozo para beber. Les había ido muy mal y a Pericato no le habían pagado esa semana por que el soldado se enfermo de gravedad y lo llevaron al hospital del cuartel militar donde agonizaba. Mientras estaban sentados alrededor de la vieja mesa de madera, los dos viejecillos y el niño hambriento, se miraban a los ojos, tristes de verse ante tanta pobreza. A lo lejos se escuchaban las risas y los cantos de júbilo que tenían en la casona donde daban gracias por su abundante cosecha. De pronto al Pericato se le ocurrió una muy buena idea.
-Ya sé lo que vamos a hacer para cenar el día de hoy
Dijo Pericato iluminando su semblante ojeroso.
-Esto es lo que vamos a hacer:
Nos disfrazaremos de fantasmas para ir a la casona, las personas de esa casa son muy religiosas por lo que nos será fácil engañarlos haciéndolos pensar que somos los fantasmas de sus antepasados que venimos a compartir parte de su cosecha con ellos.
Los dos viejecitos se miraban entre sí, pensando que era una locura, pero al mismo tiempo no tenían nada que perder, que cosa peor les podía pasar que lo que ya les estaba pasando.
Entonces pues se pusieron sus peores harapos y con unas mascaras hechas de hoja de elote amarradas con mecate salieron simulando ser fantasmas.
Como la casona no tenía mucha seguridad debido a que en esos tiempos no había mucha delincuencia, a los tres pobres fantasmas no les fue difícil acceder a ella y así llegaron hasta el patio principal, donde la familia cantaba y aplaudía feliz por las cosechas recibidas. Entonces, sabiendo los pobrecillos que los difuntos de esa familia eran muy religiosos, comenzaron a gritar con voz según ellos tenebrosa:
-"Ave María de esta casa, venimos por la calabaza"
Y avanzaron al centro del patio quedando frente a todos que estaban celebrando y dando gracias, de pronto uno de los niños que por lo visto era aun ingenuo dice:
- Papa, mama, mira esos fantasmas, suelten a los perros para que los ahuyenten.
El niño Pericato al escuchar eso y verse en serios apuros grita rápidamente y si pensarlo dos veces:
-"Ave María del cerro, que no nos echen un perro"
El dueño de la casona que a la vez era el padre de los cuatro jefes de familia que se encontraban ahí con sus esposas e hijos; era una persona muy humilde y bondadosa, desde el principio se dio cuenta de quienes se trataba, era esa pobre familia que vivía a unos metros de la casona, el sabia de sus necesidades pero nunca los ayudo pues sabía que ellos no lo aceptarían.
Entonces pensando sabiamente encontró la manera de ayudarlos sin que se sintieran ofendidos y decidió seguir con su juego. Entonces acercándose al oído de cada uno de sus hijos les explico su plan.
- "Gracias espíritus por venir a acompañarnos" dijo en voz alta el jefe de la familia.
-Seguro les compartiremos esta rica calabaza dulce que con ayuda de ustedes cosechamos, pero antes deben de rezar junto con nosotros y dar gracias a Dios.
El Señor sabia de la escasa fe que la pobre familia tenía y vio una buena oportunidad para por lo menos hacerles volver a creer que Dios nunca los abandonaría.
Entonces todos juntos rezaron y dieron gracias. Al final el señor de la casa pidió a las esposas de sus hijos que dieran a los fantasmas una ollita repleta de calabaza y otra con leche fresca.
Los pobres fantasmas salieron deprisa al ver que lograron su objetivo, no sin antes escuchar al señor diciéndoles:
-Aquí los espero el año que viene para darles más calabaza y que Dios los acompañe.
Y así fue todos los años, cada vez se le unían a la familia de Pericato mas gentes necesitadas para ir a pedir calabaza, por lo que tenían que poner ya no una olla, si no un cazo enorme de cobre para poder ajustar a darle calabaza a tanta gente.
Después de pasar muchos años esto se fue haciendo una tradición y las nuevas generaciones sigue yendo a pedir calabaza todos los días primero de noviembre disfrazados de monstruos solo por diversión, y en las casas que cosen calabaza les llenan sus ollitas con la condición que primero recen, ya los niños que salen a pedir ese día llevan en una mano una ollita y en la otra una espada hecha de madera o de guásima para espantar a los perros.
Con el tiempo se van teniendo nuevas tradiciones como el halloween que son tradiciones gringas que van llegando con los paisanos que van al otro lado y regresan, pero lo nuestro, lo muy nuestro es el día de la calabaza, por favor no perdamos esta tradición tan bonita.
La verdad no se la verdadera historia de como comenzó esta tradición pero le voy a preguntar a mi abuelita, espero les guste mi versión a la que le puse algo de imaginación.
01/Nov/2012
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